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Recomendaciones enfermeras en el ámbito sociosanitario o residencial

  • El impacto de la crisis del COVID-19 sobre los mayores es muy evidente. Durante la desescalada y de cara a la ‘nueva normalidad’, debemos prestar especial atención a esta población y poner todas las medidas posibles en residencias y centros sociosanitarios para evitar entre todos que el COVID-19 se cebe de nuevo con la población más vulnerable.
  • La Organización Colegial de Enfermería, en colaboración con la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica (SEEGG), ha lanzado unos materiales con pautas para proteger a los mayores de residencias y centros sanitarios. 

Tomar medidas de prevención es, ahora mismo, la mejor “vacuna” para vencer a este virus. Para ello, se debe formar a los trabajadores de estos centros en prevención y control de la infección y en el entrenamiento del uso de EPIs, algo a lo que hasta el inicio de la crisis sanitaria no se usaba con asiduidad.

Durante las últimas décadas hemos asistido a un aumento de la edad media en los usuarios de residencias y centros sociosanitarios, así como de sus condiciones de base, con mayores niveles de dependencia, discapacidad, pluripatología y polimedicación que nos habla de la vulnerabilidad del colectivo de mayores que residen en estas instituciones. «Sin embargo, las estructuras y la dotación de recursos humanos, en especial de profesionales de enfermería no se ha ido ajustando a estos criterios que manifiestan un aumento en la demanda de cuidados y de la complejidad de estos. La crisis sanitaria y social que hemos vivido por la COVID-19 ha expuesto nuestras vergüenzas en temas clave como la coordinación-integración sociosanitaria, dotación de recursos materiales y humanos, todos ellos elementos clave que nos permitirán controlar y atajar situaciones de este tipo», expone Fernando Martínez Cuervo, presidente de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica (SEEGG). «En el futuro próximo será importante consolidar las medidas implementadas durante este periodo de crisis que han evidenciado ser eficaces, así como disponer de profesionales formados y con capacidad de liderazgo que hagan frente a nuevos repuntes. Las enfermeras geriátricas y en concreto las especialistas en enfermería geriátrica son profesionales con capacidad para asumir este reto y modular las consecuencias de nuevos brotes», añade.

Un plan de contingencia para cada centro

Toda esta labor debería ir acompañado de carteles informativos sobre higiene respiratoria y de manos por el centro e intensificar la limpieza de los centros. Cada centro deberá elaborar su plan de contingencia. Como ocurre en el exterior es importante evitar aglomeraciones para poder mantener la distancia de seguridad de dos metros por lo que hay que regular la circulación de entrada y salida de las personas. Cuando se retomen las actividades de ocio en las residencias se deben establecer horarios y grupos cerrados en las áreas comunes para minimizar el contacto entre residentes disminuyendo el riesgo ante posibles nuevos casos.

Visitas

Desde las primeras semanas de marzo los residentes tenían prohibidas las visitas, la parte más dura de este virus, algo que a medida que se avanza en la desescalada se irá recuperando. En este aspecto, se limitarán las visitas a una persona por residente, habrá que concertar cita previamente, extremar las medidas de precaución e higiene, uso obligatorio de los equipos de protección tanto para el visitante como para el residente e intentar, siempre que se pueda, que las visitas sean al aire libre.

Vigilancia de posibles casos

Detectar cualquier caso, aunque sus síntomas sean leves, resulta de vital importancia para evitar que el virus se extienda por estos centros. Si el posible caso fuera un residente, todo el equipo de profesionales debería ser conocedor de la situación y de las medidas a tomar con cada residente, indicándole al residente afectado el uso de mascarillas quirúrgica, restringiendo sus movimientos haciéndole permanecer en una habitación individual si es posible, realizándole la prueba diagnóstica cuanto antes, manteniendo en aislamiento al residente hasta dar negativo o si no es posible 14 días desde el inicio de sintomatología e identificando a las personas que hayan estado en contacto con el caso.

Si alguno de los trabajadores del centro sospecha que puede haberse contagiado no deberá acudir al centro, tendrá que aislarse en su domicilio y contactar con el servicio de prevención de riesgos laborales.

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